miércoles, 5 de marzo de 2014

Sed (un sueño)


Ahí está el infante negro, prácticamente encaramado sobre la cabeza de su difunta madre tendida boca arriba en un claro de la exuberante selva circundante; y los dos espectadores, probablemente científicos por sus blancos delantales, lo observan desde fuera de la escena, arrellanados en sus butacas.

Y el niño mete su manita dentro de la boca del cadáver, y los científicos determinan: es un acto instintivo de penetración, del deseo de poseer a su propia madre.

Pero el desenlace de la escena es inequívoco: dentro de la boca de la madre hay agua pura, la única a la que el infante puede acceder dada su corta edad.

El niño sólo deseaba calmar su sed extrema.



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