lunes, 8 de diciembre de 2014

Hay que ser realmente idiota para

Hace años que me doy cuenta y no me importa, pero nunca se me ocurrió escribirlo porque la idiotez me parece un tema muy desagradable, especialmente si es el idiota quien lo expone.

Puede que la palabra idiota sea demasiado rotunda, pero prefiero ponerla de entrada y calentita sobre el plato aunque los amigos la crean exagerada, en vez de emplear cualquier otra como tonto, lelo o retardado y que después los mismos amigos opinen que uno se ha quedado corto. En realidad no pasa nada grave pero ser idiota lo pone a uno completamente aparte, y aunque tiene sus cosas buenas es evidente que de a ratos hay como una nostalgia, un deseo de cruzar a la vereda de enfrente donde amigos y parientes están reunidos en una misma inteligencia y comprensión, y frotarse un poco contra ellos para sentir que no hay diferencia apreciable y que todo va benissimo. Lo triste es que todo va malissimo cuando uno es idiota, por ejemplo en el teatro, yo voy al teatro con mi mujer y algún amigo, hay un espectáculo de mimos checos o de bailarines tailandeses y es seguro que apenas empiece la función voy a encontrar que todo es una maravilla. Me divierto o me conmuevo enormemente, los diálogos o los gestos o las danzas me llegan como visiones sobrenaturales, aplaudo hasta romperme las manos y a veces me lloran los ojos o me río hasta el borde del pis, y en todo caso me alegro de vivir y de haber tenido la suerte de ir esa noche al teatro o al cine o a una exposición de cuadros, a cualquier sitio donde gentes extraordinarias están haciendo o mostrando cosas que jamás se habían imaginado antes, inventando un lugar de revelación y de encuentro, algo que lava de los momentos en que no ocurre nada más que lo que ocurre todo el tiempo.

Y así estoy deslumbrado y tan contento que cuando llega el intervalo me levanto entusiasmado y sigo aplaudiendo a los actores, y le digo a mi mujer que los mimos checos son una maravilla y que la escena en que el pescador echa el anzuelo y se ve avanzar un pez fosforescente a media altura es absolutamente inaudita. Mi mujer también se ha divertido y ha aplaudido, pero de pronto me doy cuenta (ese instante tiene algo de herida, de agujero ronco y húmedo) que su diversión y sus aplausos no han sido como los míos, y además casi siempre hay con nosotros algún amigo que también se ha divertido y ha aplaudido pero nunca como yo, y también me doy cuenta de que está diciendo con suma sensatez e inteligencia que el espectáculo es bonito y que los actores no son malos, pero que desde luego no hay gran originalidad en las ideas, sin contar que los colores de los trajes son mediocres y la puesta en escena bastante adocenada y cosas y cosas. Cuando mi mujer o mi amigo dicen eso —lo dicen amablemente, sin ninguna agresividad— yo comprendo que soy idiota, pero lo malo es que uno se ha olvidado cada vez que lo maravilla algo que pasa, de modo que la caída repentina en la idiotez le llega como al corcho que se ha pasado años en el sótano acompañando al vino de la botella y de golpe plop y un tirón y no es más que corcho. Me gustaría defender a los mimos checos o a los bailarines tailandeses, porque me han parecido admirables y he sido tan feliz con ellos que las palabras inteligentes y sensatas de mis amigos o de mi mujer me duelen como por debajo de las uñas, y eso que comprendo perfectamente cuánta razón tienen y cómo el espectáculo no ha de ser tan bueno como a mí me parecía (pero en realidad a mí no me parecía que fuese bueno ni malo ni nada, sencillamente estaba transportado por lo que ocurría como idiota que soy, y me bastaba para salirme y andar por ahí donde me gusta andar cada vez que puedo, y puedo tan poco). Y jamás se me ocurriría discutir con mi mujer o con mis amigos porque sé que tienen razón y que en realidad han hecho muy bien en no dejarse ganar por el entusiasmo, puesto que los placeres de la inteligencia y la sensibilidad deben nacer de un juicio ponderado y sobre todo de una actitud comparativa, basarse como dijo Epícteto en lo que ya se conoce para juzgar lo que se acaba de conocer, pues eso y no otra cosa es la cultura y la sofrosine. De ninguna manera pretendo discutir con ellos y a lo sumo me limito a alejarme unos metros para no escuchar el resto de las comparaciones y los juicios, mientras trato de retener todavía las últimas imágenes del pez fosforescente que flotaba en mitad del escenario, aunque ahora mi recuerdo se ve inevitablemente modificado por las críticas inteligentísimas que acabo de escuchar y no me queda más remedio que admitir la mediocridad de lo que he visto y que sólo me ha entusiasmado porque acepto cualquier cosa que tenga colores y formas un poco diferentes. Recaigo en la conciencia de que soy idiota, de que cualquier cosa basta para alegrarme de la cuadriculada vida, y entonces el recuerdo de lo que he amado y gozado esa noche se enturbia y se vuelve cómplice, la obra de otros idiotas que han estado pescando o bailando mal, con trajes y coreografías mediocres, y casi es un consuelo pero un consuelo siniestro el que seamos tantos los idiotas que esa noche se han dado cita en esa sala para bailar y pescar y aplaudir. Lo peor es que a los dos días abro el diario y leo la crítica del espectáculo, y la crítica coincide casi siempre y hasta con las mismas palabras con lo que tan sensata e inteligentemente han visto y dicho mi mujer o mis amigos. Ahora estoy seguro de que no ser idiota es una de las cosas más importantes para la vida de un hombre, hasta que poco a poco me vaya olvidando, porque lo peor es que al final me olvido, por ejemplo acabo de ver un pato que nadaba en uno de los lagos del Bois de Boulogne, y era de una hermosura tan maravillosa que no pude menos que ponerme en cuclillas junto al lago y quedarme no sé cuánto tiempo mirando su hermosura, la alegría petulante de sus ojos, esa doble línea delicada que corta su pecho en el agua del lago y que se va abriendo hasta perderse en la distancia. Mi entusiasmo no nace solamente del pato, es algo que el pato cuaja de golpe, porque a veces puede ser una hoja seca que se balancea en el borde de un banco, o una grúa anaranjada, enormísima y delicada contra el cielo azul de la tarde, o el olor de un vagón de tren cuando uno entra y se tiene un billete para un viaje de tantas horas y todo va a ir sucediendo prodigiosamente, el sándwich de jamón, los botones para encender o apagar la luz (una blanca y otra violeta), la ventilación regulable, todo eso me parece tan hermoso y casi tan imposible que tenerlo ahí a mi alcance me llena de una especie de sauce interior, de una verde lluvia de delicia que no debería terminar más. Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una tela de araña que brilla al sol, puesto que si uno incurre en semejantes excesos por una tela de araña llena de rocío, ¿qué va a dejar para la noche en que den King Lear? A mí eso me sorprende un poco, porque en realidad el entusiasmo no es una cosa que se gaste cuando uno es realmente idiota, se gasta cuando uno es inteligente y tiene sentido de los valores y de la historicidad de las cosas, y por eso aunque yo corra de un lado a otro del Bois de Boulogne para ver mejor el pato, eso no me impedirá esa misma noche dar enormes saltos de entusiasmo si me gusta como canta Fischer Dieskau. Ahora que lo pienso la idiotez debe ser eso: poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa que a uno le guste, sin que un dibujito en una pared tenga que verse menoscabado por el recuerdo de los frescos de Giotto en Padua. La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita amarilla, ahora me gusta “L’année dernière à Marienbad”, ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la Gare de Lyon, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir, claro que hasta otro pato u otro cartel, y así siempre.


Julio Cortázar

domingo, 16 de noviembre de 2014

The Fury of Overshoes



They sit in a row 
outside the kindergarten,
black, red, brown, all
with those brass buckles.
Remember when you couldn't
buckle your own
overshoe
or tie your own
overshoe
or tie your own shoe
or cut your own meat
and the tears
running down like mud
because you fell off your
tricycle?
Remember, big fish,
when you couldn't swim
and simply slipped under
like a stone frog?
The world wasn't
yours.
It belonged to
the big people.
Under your bed
sat the wolf
and he made a shadow
when cars passed by
at night.
They made you give up
your nightlight
and your teddy
and your thumb.
Oh overshoes,
don't you
remember me,
pushing you up and down
in the winter snow?
Oh thumb,
I want a drink,
it is dark,
where are the big people,
when will I get there,
taking giant steps
all day,
each day
and thinking
nothing of it?


- Anne Sexton -


martes, 28 de octubre de 2014

El Ingenuo


Cada aurora (nos dicen) maquina maravillas
capaces de torcer la más terca fortuna;
hay pisadas humanas que han medido la luna
y el insomnio devasta los años y las millas.

En el azul acechan públicas pesadillas
que entenebran el día. No hay en el orbe una
cosa que no sea otra, o contraria, o ninguna.
A mí sólo me inquietan las sorpresas sencillas.

Me asombra que una llave pueda abrir una puerta,
me asombra que mi mano sea una cosa cierta,
me asombra que del griego la eleática saeta

instantánea no alcance la inalcanzable meta,
me asombra que la espada cruel pueda ser hermosa,
y que la rosa tenga el olor de la rosa.



- Jorge Luis Borges

jueves, 21 de agosto de 2014

The Moment - Margaret Atwood


The moment when, after many years
of hard work and a long voyage
you stand in the centre of your room,
house, half-acre, square mile, island, country,
knowing at last how you got there,
and say, I own this,

is the same moment when the trees unloose
their soft arms from around you,
the birds take back their language,
the cliffs fissure and collapse,
the air moves back from you like a wave
and you can't breathe.

No, they whisper. You own nothing.
You were a visitor, time after time
climbing the hill, planting the flag, proclaiming.
We never belonged to you.
You never found us.
It was always the other way round.



(Love u guys, really miss our meetings)

sábado, 9 de agosto de 2014

The Poet of Ignorance - Anne Sexton


Perhaps the earth is floating,
I do not know.
Perhaps the stars are little paper cutups
made by some giant scissors,
I do not know.
Perhaps the moon is a frozen tear,
I do not know.
Perhaps God is only a deep voice
heard by the deaf,
I do not know.

Perhaps I am no one.
True, I have a body
and I cannot escape from it.
I would like to fly out of my head,
but that is out of the question.
It is written on the tablet of destiny
that I am stuck here in this human form.
That being the case
I would like to call attention to my problem.

There is an animal inside me,
clutiching fast to my heart,
a huge carb.
The doctors of Boston
have thrown up their hands.
They have tried scalpels,
needles, poison gasses adn the like.
The crab remains.
It is a great weight.
I try to forget it, go about my business,
cook the broccoli, open the shut books,
brush my teeth and tie my shoes.
I have tried prayer
but as I pray the crab grips harder
and the pain enlarges.

I had a dream once, 
perhaps it was a dream,
that the crab was my ignorance of God.
But who am I to believe in dreams?

jueves, 5 de junio de 2014

Cuando yo no era poeta (Jorge Teillier)

Cuando yo no era poeta
por broma dije era poeta
aunque no había escrito un solo verso
pero admiraba el sombrero alón del poeta del pueblo.
Una mañana me encontré en la calle con mi vecina.
Me preguntó si yo era poeta.
Ella tenía catorce años.
La primera vez que hablé con ella
llevaba un ramo de ilusiones.
La segunda vez una anémona en el pelo.
La tercera vez un gladiolo entre los labios.
La cuarta vez no llevaba ninguna flor
     y le pregunté el significado de eso a las flores de la plaza
que no supieron responderme
ni tampoco mi profesora de botánica.
Ella había traducido para mí poemas de Christian Morgenstern.
A mí no se me ocurrió darle nada a cambio.
La vida era para mí muy dura.
No quería desprenderme ni de una hoja de cuaderno.
Sus ojos disparaban balas de amor calibre 44.
Eso me daba insomnio.
Me encerré mucho tiempo en mi pieza.
Cuando salí la encontré en la plaza y no me saludó.
Yo volví a mi casa y escribí mi primer poema.

jueves, 29 de mayo de 2014

"Porque no importa ser buen o mal poeta, escribir buenos o malos versos, sino transformarse en poeta, superar la avería de lo cotidiano, luchar contra el universo que se deshace, no aceptar los valores que no sean poéticos".

- Jorge Teillier.

viernes, 16 de mayo de 2014

La Tregua (Patricio Manns)


El fuego de un cigarro brilla allá,
el humo flota y muere al ascender.
Entre la hierba siento sollozar
porque ésta no es la paz,
la tregua apenas es.

La guerra apesta inmunda alrededor
mientras te escribo sobre mi fusil
tal vez la última carta de amor.
No quiero tu dolor,
no quiero tu dolor,
pero hoy lo presentí.

La única verdad no es el napalm
ni es el fusil.
Todo mi ser quiere escapar ante la cruel
obligación
de asesinar a quien jamás
yo conocí,
yo conocí.


Hoy recordé de pronto mi niñez:
vi el cielo azul, el tiempo que pasó,
mi hermano al sol, corriendo entre la mies,
mientras aquí matábamos los dos.

Dile a quien quieras que él ya desertó,
que se fue lejos, que no volverá.
Yo buscaré la flor que no encontró,
la flor de la amistad,
y la echaré en la tierra donde está.

El fuego de un cigarro brilla allá,
el humo flota y muere al ascender.
Entre la hierba siento sollozar
porque ésta no es la paz,
porque ésta no es la paz,
la tregua apenas es. 
(1967)

jueves, 15 de mayo de 2014

Alone (Edgar Allan Poe)

From childhood’s hour I have not been
As others were—I have not seen
As others saw—I could not bring
My passions from a common spring—
From the same source I have not taken
My sorrow—I could not awaken
My heart to joy at the same tone—
And all I lov’d—I lov’d alone—
Then—in my childhood—in the dawn
Of a most stormy life—was drawn
From ev’ry depth of good and ill
The mystery which binds me still—
From the torrent, or the fountain—
From the red cliff of the mountain—
From the sun that ’round me roll’d
In its autumn tint of gold—
From the lightning in the sky
As it pass’d me flying by—
From the thunder, and the storm—
And the cloud that took the form
(When the rest of Heaven was blue)
Of a demon in my view—

lunes, 7 de abril de 2014

El ojo del poeta.

Yo creo que cuando nacemos, los que vamos a hacer versos traemos en el ojo una viga atravesada. Esa viga atravesada nos deforma, ya sea transfigurándolo o en otra forma, todo lo que miramos y nos hace para toda la vida antilógicos y antirrealistas. El llamado poeta realista no existe. De manera que esa viga nos hace a veces ver amarillo lo que es negro, y nos hace ver redondo lo que es cuadrado, y nos hace caminar entre una serie de disparates maravillosos.
Dicen que al morir la mayor parte de los agonizantes lloran una lágrima, una extraña lágrima que cae con mucha lentitud. Yo creo que la viga del ojo del poeta no se va sino en esa última lágrima del agonizante.
Entraremos así en el paraíso, donde sea, con el ojo limpio porque ya en otra parte no nos serviría de nada una viga que nos transfigure las cosas.


(Extracto del texto leído por Gabriela Mistral en el Instituto Vásquez Acevedo, con ocasión del curso latinoamericano de vacaciones, realizado en Montevideo, Uruguay en 1938)

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Feliz cumpleaños, Gabriela. Trajiste mucho bien y belleza a este mundo.

viernes, 28 de marzo de 2014


La iluminación no es una cosa. No es una meta ni un concepto. No es algo que se obtiene. Es una metamorfosis… Si el gusano pensara que la mariposa a la que da origen son alas y antenas que le crecen a él, no habría mariposa. El gusano tiene que aceptar desaparecer, transformándose. Cuando el maravilloso insecto vuela, no queda en él nada del gusano.

Palabras de Ejo Takata en “El maestro y las magas”, de Alejandro Jodorowsky

miércoles, 5 de marzo de 2014

Sed (un sueño)


Ahí está el infante negro, prácticamente encaramado sobre la cabeza de su difunta madre tendida boca arriba en un claro de la exuberante selva circundante; y los dos espectadores, probablemente científicos por sus blancos delantales, lo observan desde fuera de la escena, arrellanados en sus butacas.

Y el niño mete su manita dentro de la boca del cadáver, y los científicos determinan: es un acto instintivo de penetración, del deseo de poseer a su propia madre.

Pero el desenlace de la escena es inequívoco: dentro de la boca de la madre hay agua pura, la única a la que el infante puede acceder dada su corta edad.

El niño sólo deseaba calmar su sed extrema.



martes, 4 de marzo de 2014

En busca de la paz interior

Martes 4 de marzo de 2014.

Carta de la sesión: Consciousness del Tarot de Osho.

Ejercicio del relato para una imagen: El caminante sobre un mar de nubes, de Caspar David Friedrich.

Imágenes propuestas para el siguiente ejercicio:
  • El niño enfermo de Pedro Lira (propuesta por Marcela)
  • Escena de Playa de Pedro Lira (Marcela)
  • El Coloso de Goya (Orlando)
  • Breakfast time de Hanna Pauli (Orlando)
  • (Dear, Catherina, please add the images you propose during the week, so we can soon choose the one we'll work with)




            El Caminante sobre el Mar de Nubes  por Orlando Sorensen
               Basado en la pintura de Caspar David Friedrich

Había salido con los primeros albores del amanecer después de dar vueltas toda la noche en su cama asediado por un insomnio que llevaba años estrujándole los nervios. Por tiempos lo dejaba dormir unas horas pero últimamente se había acrecentado permitiéndole apenas unos minutos de sueño entrecortado lleno de sombras y pesadillas informes que le generaban miedos que no sabía explicarse y para los que ni siquiera tenía un nombre. Él, un hombre hecho y derecho, que había tomado a cargo y había mantenido y acrecentado de forma impecable el negocio de su padre; que era el sostenedor de una esposa y dos hijos para quienes era el ejemplo de estabilidad, justicia y, por qué no decirlo, también de cariño.
Pero una vez más se sentía tembloroso y desvalido ante enemigos invisibles a los que no podía exhortar. A veces se levantaba y adelantaba cálculos y planificaciones para su trabajo, pero esta noche no había nada que adelantar y leer le habría sido imposible sumido como estaba en cavilaciones confusas y horrorosas.
Se vistió pulcramente, como era su costumbre, de negro perfecto sobre una camisa blanca intachable y almidonada, calzó sus botas de montar y tomó su bastón (aunque no lo necesitaba, rara vez salía sin él). Pasó en silencio frente las puertas entreabiertas de las habitaciones de su esposa y de sus hijos. Faltaba mucho para el amanecer; aún dormían. De niño le había gustado jugar en el peñón junto al arroyo, que hoy constituía el límite de las tierras de su familia por él acrecentadas, y hacia allá dirigió sus pasos, aún perdido en el limbo entre la vigilia y los sueños febriles.
Al comienzo no veía mucho, pero recordaba el camino y sus ojos se iban adaptando a la oscuridad a la par que aumentaba el claro de la aurora. En una media hora llego a la base del peñón y comenzó a subir con alguna dificultad. En más de una ocasión tuvo que gatear cuando las piedras cedieron bajo sus pies. Las pesadillas y terrores de la noche se habían aplacado pero seguían ahí, innombrables pero poderosas.
La mañana ya comenzaba a despuntar y el sol pronto se elevaría en la distancia. Pensaba sentarse en la cima y esperar su salida pero cuando alcanzó la cima del peñón lo que vio fue mucho más potente e inesperado. Un mar de niebla se arremolinaba entre éste y los demás peñones, cuyas puntas apenas sobresalían envueltas en su espesura; y de ahí se extendía hasta perderse de vista tras la cadena montañosa del fondo. La sola contemplación de este fenómeno le abstrajo de tal forma que como un desgarrón de esas nieblas espesas le fueron arrancados sus temores nocturnos y tuvo la sensación de que existía algo más poderoso que cuanto hubiera conocido o vivenciado en toda su vida y que sus terrores, si bien quizá volverían, siempre serían ínfimos y débiles en comparación con el portento que mantenía el equilibrio de todas las cosas.

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Rosa Catherina, te echamos mucho de menos! Un abrazo para ti!

lunes, 3 de marzo de 2014

Sesión de nostalgia y solipsismo

Martes 25 de febrero de 2014.


Lecturas y conversaciones en nuestra última sesión:

  • Carta del tarot: "La Emperatriz" 
  • Tres poemas de Jorge Teillier
  • El solipsismo, con humor e ironía, en un poema de Sylvia Plath


OTOÑO SECRETO 
Jorge Teillier

Cuando las amadas palabras cotidianas
pierden su sentido
y no se puede nombrar ni el pan,
ni el agua, ni la ventana,
y la tristeza ha sido un anillo perdido bajo nieve,
y el recuerdo una falsa esperanza de mendigo,
y ha sido falso todo diálogo que no sea
con nuestra desolada imagen,
aún se miran las destrozadas estampas
en el libro del hermano menor,
es bueno saludar los platos y el mantel puestos sobre la mesa,
y ver que en el viejo armario conservan su alegría
el licor de guindas que preparó la abuela
y las manzanas puestas a guardar.

Cuando la forma de los árboles
ya no es sino el leve recuerdo de su forma,
una mentira inventada por la turbia
memoria del otoño,
y los días tienen la confusión
del desván a donde nadie sube
y la cruel blancura de la eternidad
hace que la luz huya de sí misma,
algo nos recuerda la verdad
que amamos antes de conocer:
las ramas se quiebran levemente,
el palomar se llena de aleteos,
el granero sueña otra vez con el sol,
encendemos para la fiesta
los pálidos candelabros del salón polvoriento
y el silencio nos revela el secreto
que no queríamos escuchar.


BOTELLA AL MAR
Jorge Teillier

Y tú quieres oír, tú quieres entender. Y yo
te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes.
Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni
para los iniciados. Es para la niña que nadie
saca a bailar, es para los hermanos que
afrontan la borrachera y a quienes desdeñan
los que se creen santos, profetas o poderosos.


QUÉ HISTORIA ES ÉSTA Y CUÁL ES SU FINAL?
Jorge Teillier

¿Qué historia es ésta y cuál es su final?
Ya no quiero ser más vendedor de palabras.
Ya mi cabeza está demasiado aturdida
y mi canción es sólo un montón de hojas muertas.

Me da lo mismo la ciudad que el campo.
Trataré de olvidar los poemas y los libros
abrigaré mi cuello con una vieja bufanda
y me echaré un pan en el bolsillo.

Oleré a mal vino y suciedad
enturbiando los limpios mediodías.
Y me haré el tonto a propósito de todo.

Y sin tener necesidad de triunfar o fracasar
trataré que la escarcha cubra mi pasado
porque no puedo sino hacer estupideces

seguir caminando en estos tiempos.

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SOLILOQUY OF THE SOLIPSIST
Sylvia Plath

I?
I walk alone;
The midnight street
Spins itself from under my feet;
When my eyes shut
These dreaming houses all snuff out;
Through a whim of mine
Over gables the moon's celestial onion
Hangs high.

I
Make houses shrink
And trees diminish
By going far; my look's leash
Dangles the puppet-people
Who, unaware how they dwindle,
Laugh, kiss, get drunk,
Nor guess that if I choose to blink
They die.

I
When in good humor,
Give grass its green
Blazon sky blue, and endow the sun
With gold;
Yet, in my wintriest moods, I hold
Absolute power
To boycott any color and forbid any flower
To be.

I
Know you appear
Vivid at my side,
Denying you sprang out of my head,
Claiming you feel
Love fiery enough to prove flesh real,
Though it's quite clear
All you beauty, all your wit, is a gift, my dear,
From me.

miércoles, 12 de febrero de 2014


                                                                                                  Miércoles 12 de febrero de 2014.

En el capítulo de hoy:

  • La carta de Osho: Courage! (What a nice pushing potential.)
  • Rubén Darío halagó a las féminas santiaguinas de finales del s. XIX con "El Manto de la chilena"
  • Y Juana de América (Juana de Ibarbourou) nos deleitó con: "Raíz Salvaje", "El Dulce Milagro" y "Despecho".
  • Además, una pincelada de eneagrama:

EL MANTO DE LA CHILENA (Rubén Darío)

La bella va con el manto
con tal modo y gracia puesto,
que se diría por esto
es el colmo del encanto.
(Santiaguina, por supuesto.)

Vela el cuerpo la hermosura
y va enseñando la cara;
tal parece una escultura
hecha en mármol de Carrara
y con negra vestidura.

Con esa faz placentera,
esa negrura enamora;
pues le parece a cualquiera
que la noche apareciera
con la cara de la aurora.

¡Qué par de ojos! Son luceros.
¡Qué luceros! Fuegos puros.
Con razón hay, caballeros,
compañías de bomberos
y pólizas de seguros.

Y ahora entiendo por qué
cierto joven que llegó,
cuyos gustos yo me sé,
siente algo de qué sé yo
por causa de no sé qué.

Y siempre que mira un manto
se fija en la faz un tanto,
llena de dulces antojos;
que en la faz están los ojos,
y en los ojos el encanto.

De una grabosa doncella
con un rostro encantador,
se afirmará al conocella,
que sin el manto es muy bella,
pero con manto, mejor.

Tiene ello mucho de santo;
mas despierta cierto anhelo
cuyo velo no levanto;
si no fuera ese recelo,
andarían en el cielo
los querubines con manto.

Faz linda... forma hechicera;
esa negrura enamora
pues le parece a cualquiera
que la noche apareciera
con la cara de la aurora.

("La Época", Santiago 9 de agosto de 1886.)


RAÍZ SALVAJE (Juana de Ibarbourou)

Me ha quedado clavada en los ojos
la visión de ese carro de trigo
que cruzó rechinante y pesado
sembrando de espigas el recto camino.

¡No pretendas ahora que ría!
¡Tú no sabes en qué hondos recuerdos
estoy abstraída!

Desde el fondo del alma me sube
un sabor de pitanga a los labios.
Tiene aún mi epidermis morena
no sé que fragancias de trigo emparvado.


¡Ay, quisiera llevarte conmigo
a dormir una noche en el campo
y en tus brazos pasar hasta el día
bajo el techo alocado de un árbol!


Soy la misma muchacha salvaje
que hace años trajiste a tu lado.



EL DULCE MILAGRO (J. de I.)

¿Que es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Mi amante besóme las manos, y en ellas,
¡oh gracia!, brotaron rosas como estrellas.

Y voy por la senda voceando el encanto
y de dicha alterno sonrisa con llanto
y bajo el milagro de mi encantamiento
se aroman de rosas las alas del viento.

Y murmura al verme la gente que pasa:
"¿No veis que está loca? Tornadla a su casa.
¡Dice que en las manos le han nacido rosas
y las va agitando como mariposas!"

¡Ah, pobre la gente que nunca comprende
un milagro de éstos y que sólo entiende
que no nacen rosas más que en los rosales
y que no hay más trigo que el de los trigales!

Que requiere líneas y color y forma,
y que sólo admite realidad por norma.
Que cuando uno dice: "Voy con la dulzura",
de inmediato buscan a la criatura.

Que me digan loca, que en celda me encierren,
que con siete llaves la puerta me cierren,
que junto a la puerta pongan un lebrel,
carcelero rudo, carcelero fiel.

Cantaré lo mismo: "Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen".
¡Y toda mi celda tendrá la fragancia
de un inmenso ramo de rosas de Francia!



DESPECHO (J. de I.)

¡Ah, qué estoy cansada! Me he reído tanto,
tanto, que a mis ojos ha asomado el llanto;
tanto, que este rictus que contrae mi boca
es un rastro extraño de mi risa loca.

Tanto, que esta intensa palidez que tengo
(como en los retratos de viejo abolengo)
es por la fatiga de la loca risa
que en todo mi cuerpo su sopor desliza.

¡Ah, qué estoy cansada! Déjame que duerma;
pues, como la angustia, la alegría enferma.
¡Qué rara ocurrencia decir que estoy triste!
¿Cuándo más alegre que ahora me viste?

¡Mentira! No tengo ni dudas, ni celos,
Ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni anhelos,
Si brilla en mis ojos la humedad del llanto,
es por el esfuerzo de reirme tanto...