martes, 4 de marzo de 2014

En busca de la paz interior

Martes 4 de marzo de 2014.

Carta de la sesión: Consciousness del Tarot de Osho.

Ejercicio del relato para una imagen: El caminante sobre un mar de nubes, de Caspar David Friedrich.

Imágenes propuestas para el siguiente ejercicio:
  • El niño enfermo de Pedro Lira (propuesta por Marcela)
  • Escena de Playa de Pedro Lira (Marcela)
  • El Coloso de Goya (Orlando)
  • Breakfast time de Hanna Pauli (Orlando)
  • (Dear, Catherina, please add the images you propose during the week, so we can soon choose the one we'll work with)




            El Caminante sobre el Mar de Nubes  por Orlando Sorensen
               Basado en la pintura de Caspar David Friedrich

Había salido con los primeros albores del amanecer después de dar vueltas toda la noche en su cama asediado por un insomnio que llevaba años estrujándole los nervios. Por tiempos lo dejaba dormir unas horas pero últimamente se había acrecentado permitiéndole apenas unos minutos de sueño entrecortado lleno de sombras y pesadillas informes que le generaban miedos que no sabía explicarse y para los que ni siquiera tenía un nombre. Él, un hombre hecho y derecho, que había tomado a cargo y había mantenido y acrecentado de forma impecable el negocio de su padre; que era el sostenedor de una esposa y dos hijos para quienes era el ejemplo de estabilidad, justicia y, por qué no decirlo, también de cariño.
Pero una vez más se sentía tembloroso y desvalido ante enemigos invisibles a los que no podía exhortar. A veces se levantaba y adelantaba cálculos y planificaciones para su trabajo, pero esta noche no había nada que adelantar y leer le habría sido imposible sumido como estaba en cavilaciones confusas y horrorosas.
Se vistió pulcramente, como era su costumbre, de negro perfecto sobre una camisa blanca intachable y almidonada, calzó sus botas de montar y tomó su bastón (aunque no lo necesitaba, rara vez salía sin él). Pasó en silencio frente las puertas entreabiertas de las habitaciones de su esposa y de sus hijos. Faltaba mucho para el amanecer; aún dormían. De niño le había gustado jugar en el peñón junto al arroyo, que hoy constituía el límite de las tierras de su familia por él acrecentadas, y hacia allá dirigió sus pasos, aún perdido en el limbo entre la vigilia y los sueños febriles.
Al comienzo no veía mucho, pero recordaba el camino y sus ojos se iban adaptando a la oscuridad a la par que aumentaba el claro de la aurora. En una media hora llego a la base del peñón y comenzó a subir con alguna dificultad. En más de una ocasión tuvo que gatear cuando las piedras cedieron bajo sus pies. Las pesadillas y terrores de la noche se habían aplacado pero seguían ahí, innombrables pero poderosas.
La mañana ya comenzaba a despuntar y el sol pronto se elevaría en la distancia. Pensaba sentarse en la cima y esperar su salida pero cuando alcanzó la cima del peñón lo que vio fue mucho más potente e inesperado. Un mar de niebla se arremolinaba entre éste y los demás peñones, cuyas puntas apenas sobresalían envueltas en su espesura; y de ahí se extendía hasta perderse de vista tras la cadena montañosa del fondo. La sola contemplación de este fenómeno le abstrajo de tal forma que como un desgarrón de esas nieblas espesas le fueron arrancados sus temores nocturnos y tuvo la sensación de que existía algo más poderoso que cuanto hubiera conocido o vivenciado en toda su vida y que sus terrores, si bien quizá volverían, siempre serían ínfimos y débiles en comparación con el portento que mantenía el equilibrio de todas las cosas.

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Rosa Catherina, te echamos mucho de menos! Un abrazo para ti!

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