Yo
creo que cuando nacemos, los que vamos a hacer versos traemos en el ojo
una viga atravesada. Esa viga atravesada nos deforma, ya sea
transfigurándolo o en otra forma, todo lo que miramos y nos hace para
toda la vida antilógicos y antirrealistas. El llamado poeta realista no
existe. De manera que esa viga nos hace a veces ver amarillo lo que es
negro, y nos hace ver redondo lo que es cuadrado, y nos hace caminar
entre una serie de disparates maravillosos.
Dicen que al morir la mayor parte de los agonizantes lloran una lágrima, una extraña lágrima que cae con mucha lentitud. Yo creo que la viga del ojo del poeta no se va sino en esa última lágrima del agonizante.
Entraremos así en el paraíso, donde sea, con el ojo limpio porque ya en otra parte no nos serviría de nada una viga que nos transfigure las cosas.
(Extracto del texto leído por Gabriela Mistral en el Instituto Vásquez Acevedo, con ocasión del curso latinoamericano de vacaciones, realizado en Montevideo, Uruguay en 1938)
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Feliz cumpleaños, Gabriela. Trajiste mucho bien y belleza a este mundo.
Dicen que al morir la mayor parte de los agonizantes lloran una lágrima, una extraña lágrima que cae con mucha lentitud. Yo creo que la viga del ojo del poeta no se va sino en esa última lágrima del agonizante.
Entraremos así en el paraíso, donde sea, con el ojo limpio porque ya en otra parte no nos serviría de nada una viga que nos transfigure las cosas.
(Extracto del texto leído por Gabriela Mistral en el Instituto Vásquez Acevedo, con ocasión del curso latinoamericano de vacaciones, realizado en Montevideo, Uruguay en 1938)
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Feliz cumpleaños, Gabriela. Trajiste mucho bien y belleza a este mundo.