Miércoles 12 de febrero de 2014.
En el capítulo de hoy:
- La carta de Osho: Courage! (What a nice pushing potential.)
- Rubén Darío halagó a las féminas santiaguinas de finales del s. XIX con "El Manto de la chilena"
- Y Juana de América (Juana de Ibarbourou) nos deleitó con: "Raíz Salvaje", "El Dulce Milagro" y "Despecho".
- Además, una pincelada de eneagrama:
EL MANTO DE LA CHILENA (Rubén Darío)
La bella va con el manto
con tal modo y gracia puesto,
que se diría por esto
es el colmo del encanto.
(Santiaguina, por supuesto.)
Vela el cuerpo la hermosura
y va enseñando la cara;
tal parece una escultura
hecha en mármol de Carrara
y con negra vestidura.
Con esa faz placentera,
esa negrura enamora;
pues le parece a cualquiera
que la noche apareciera
con la cara de la aurora.
¡Qué par de ojos! Son luceros.
¡Qué luceros! Fuegos puros.
Con razón hay, caballeros,
compañías de bomberos
y pólizas de seguros.
Y ahora entiendo por qué
cierto joven que llegó,
cuyos gustos yo me sé,
siente algo de qué sé yo
por causa de no sé qué.
Y siempre que mira un manto
se fija en la faz un tanto,
llena de dulces antojos;
que en la faz están los ojos,
y en los ojos el encanto.
De una grabosa doncella
con un rostro encantador,
se afirmará al conocella,
que sin el manto es muy bella,
pero con manto, mejor.
Tiene ello mucho de santo;
mas despierta cierto anhelo
cuyo velo no levanto;
si no fuera ese recelo,
andarían en el cielo
los querubines con manto.
Faz linda... forma hechicera;
esa negrura enamora
pues le parece a cualquiera
que la noche apareciera
con la cara de la aurora.
("La Época", Santiago 9 de agosto de 1886.)
RAÍZ SALVAJE (Juana de Ibarbourou)
Me ha quedado clavada en los ojos
la visión de ese carro de trigo
que cruzó rechinante y pesado
sembrando de espigas el recto camino.
¡No pretendas ahora que ría!
¡Tú no sabes en qué hondos recuerdos
estoy abstraída!
Desde el fondo del alma me sube
un sabor de pitanga a los labios.
Tiene aún mi epidermis morena
no sé que fragancias de trigo emparvado.
¡Ay, quisiera llevarte conmigo
a dormir una noche en el campo
y en tus brazos pasar hasta el día
bajo el techo alocado de un árbol!
Soy la misma muchacha salvaje
que hace años trajiste a tu lado.
EL DULCE MILAGRO (J. de I.)
¿Que es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Mi amante besóme las manos, y en ellas,
¡oh gracia!, brotaron rosas como estrellas.
Y voy por la senda voceando el encanto
y de dicha alterno sonrisa con llanto
y bajo el milagro de mi encantamiento
se aroman de rosas las alas del viento.
Y murmura al verme la gente que pasa:
"¿No veis que está loca? Tornadla a su casa.
¡Dice que en las manos le han nacido rosas
y las va agitando como mariposas!"
¡Ah, pobre la gente que nunca comprende
un milagro de éstos y que sólo entiende
que no nacen rosas más que en los rosales
y que no hay más trigo que el de los trigales!
Que requiere líneas y color y forma,
y que sólo admite realidad por norma.
Que cuando uno dice: "Voy con la dulzura",
de inmediato buscan a la criatura.
Que me digan loca, que en celda me encierren,
que con siete llaves la puerta me cierren,
que junto a la puerta pongan un lebrel,
carcelero rudo, carcelero fiel.
Cantaré lo mismo: "Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen".
¡Y toda mi celda tendrá la fragancia
de un inmenso ramo de rosas de Francia!
DESPECHO (J. de I.)
¡Ah, qué estoy cansada! Me he reído tanto,
tanto, que a mis ojos ha asomado el llanto;
tanto, que este rictus que contrae mi boca
es un rastro extraño de mi risa loca.
Tanto, que esta intensa palidez que tengo
(como en los retratos de viejo abolengo)
es por la fatiga de la loca risa
que en todo mi cuerpo su sopor desliza.
¡Ah, qué estoy cansada! Déjame que duerma;
pues, como la angustia, la alegría enferma.
¡Qué rara ocurrencia decir que estoy triste!
¿Cuándo más alegre que ahora me viste?
¡Mentira! No tengo ni dudas, ni celos,
Ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni anhelos,
Si brilla en mis ojos la humedad del llanto,
es por el esfuerzo de reirme tanto...